viernes, 22 de mayo de 2009

El fenómeno Ferreyra

EL FENOMENO FERREYRA

Todavía seguían festejando los boquenses su triunfo en el primer campeonato cuando River decidió hacer un movimiento fundamental que le asegurara la victoria del segundo campeonato profesional. Y fue la compra al club Tigre, del campeón Bernabé Ferreyra por 35.000 pesos, más de 10.000 de prima para el jugador y 350 pesos mensuales de sueldo: una fortuna récord para la época. Ferreyra empezó la etapa profesional jugando en Tigre y haciéndolo ganar con cuatro goles de su autoría ante Quilmes. Su fama creció al hacer ganar a un Tigre que iba perdiendo 2 a 0 ante San Lorenzo con tres goles. El muchacho de Rufino, provincia de Santa Fé, recibió los motes de "Balazo", "Fiera" y "El Mortero de Rufino". El entreala Pedro Lago contaba que de cada tres pelotas que le cruzaba a Bernabé "él clava dos, por eso ni necesito entrar al área". Vélez Sarsfield lo había llevado en una gira americana que cimentó su fama de goleador infalible. En 1932 llegó a concretar un récord de 44 goles -sólo superado por Erico-, que impresiona más considerando que hasta el año anterior los récords habían sido alcanzados por Scopelli y Zunino, con 28 goles cada uno. En sólo nueve años - entre 1931 y 1939- Bernabé Ferreyra concretó un total de 201 goles en ocho años. "Si no veo a nadie cerca, qué querés que haga? ¡Pateo al arco!", era como Ferreyra humildemente explicaba los goles de media cancha que le marcó en una oportunidad a Chacarita.

Bernabé Ferreyra marcó una revolución en la historia del fútbol. Antes de él, el fútbol era sólo un deporte. Después de Bernabé, se convirtió en la pasión nacional. La gente iba en masa sólo a verlo jugar a Bernabé, porque era el único cuya sola presencia garantizaba que habría goles para River. El mayor golazo para el club fue el hecho de haberlo adquirido , cosa que se reflejó en la inmensa subida de las recaudaciones: cuando jugaba Ferreyra, la cancha estaba siempre llena a tope, fenómeno que no se volvió a repetir en la historia del fútbol, y menos en el fútbol actual, debido a la transmisión de los partidos por radio o televisión . Perdérselo a Ferreyra era perderse un espectáculo único en la historia del deporte. Gente que jamás había asistido a un partido de fútbol, llenó las tribunas sólo para verlo a él. Ferreyra fue en su momento un fenómeno futbolístico sólo comparable con la trascendencia internacional de Maradona en el fútbol moderno.

Cuando, para tristeza de miles, Ferreyra abandonó el fútbol, se fue a vivir unos años en su Rufino natal - cuna de otro grande: el arquero Amadeo Carrizo-, donde se sabe que ayudó económicamente a los vecinos más necesitados. En 1943 volvió a Buenos Aires a trabajar como empleado del Estadio Monumental, donde se jubiló por motivos de salud en 1956. El entonces presidente de River Plate, Antonio Liberti, gestionó una subvención especial para el goleador, que se le agregó a su jubilación mensual. Y es que siempre sería poca la retribución del club a todo lo que Ferreyra hizo para llevar a la gloria a River Plate.

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