viernes, 22 de mayo de 2009

Las primeras sedes

LA PRIMERA SEDE

El campito pelado de la dársena fue la única cancha que tuvo River durante mucho tiempo. No obstante, el primer equipo- formado por Moltedo, Ratto, Cevallos, Perralta, Cárrega, Bard, Kitzler, Martínez, Flores, E. Zanni y Messina- estaban bien orgullosos de defender su arco, que no era más que un par latas apoyadas en el suelo.

En 1902 se organizó una colecta para juntar plata para comprar los postes que sirvieran de arco, pero no fue mucho lo recaudado. Enrique Zanni era el encargado de juntar el dinero, y habiendo caído Bernardo Messina enfermo de fiebre tifoidea, arriesgándose a contagiarse, Zanni acudió igual a pedirle a Messina su parte en la colecta. Messina, que vivía en condiciones de extrema indigencia, le señaló un saquito colgando de un clavo en la pared y le dijo: "Llevátelo. Es todo lo que puedo darte para la colecta". Este Messina sin un peso fue el que, años después, se recibió de arquitecto, y fue quien dirigió las obras de construcción de la primera cancha propia e importante que tuvo River, en las calles Alvear y Tagle, de Barrio Norte, y fue quien hizo los planos del estadio Monumental.

Las victorias del equipo original hacían bochornoso que semejantes cracks siguieran usando latas en el piso a modo de arcos. Gracias a la gestión de los muchachos, uno de los gerentes de la carbonera Wilson accedió a plantarles unos postes que oficiaran de arcos reglamentarios, con una soga que hacía las veces de travesaño. Las paupérrimas condiciones del club hicieron que Leopoldo Bard y Livio Ratto consiguieran, como donación del Hospital Muñiz la donación de una casilla y un letrero indicador. Alguien imaginaría hoy en día a un hospital municipal donando instalaciones para un club de fútbol?

Poco después, Enrique Salvarezza -por suerte, y a fuerza de constantes "mangazos"- consiguió el alambrado que delimitó el campo de deportes.

Pero al poco tiempo recibieron una cruda noticia: recibieron una orden de desalojo de parte del Ministerio de Agricultura, instándolos a dejar libre el lugar. Luego de peregrinar por distintos sitios de la ciudad, consiguieron lugar para los partidos alquilándole la cancha al Sport Club de Sarandí. Pese a que para los hinchas de River boquenses eso de viajar hasta Sarandí representaba un sacrificio, hicieron el esfuerzo de viajar para alentar al club de sus amores, que iba ganando prestigio en sus brillantes campañas.

Una vez instalados en Sarandí, arribó el señor Williams, de la Asociación de Fútbol, para comprobar que la nueva sede cumpliera con los requisitos reglamentarios. Tener baños en condiciones era uno de los principales y esenciales requisitos para autorizar el funcionamiento del club. Pero River contaba sólo con una casillita que oficiaba de baño precario. De todos modos, no tenían otra salida: tuvieron que invitar al veedor a abrir la canilla de la ducha y comprobar que saliera agua. En efecto, el agua salió a chorros por la regadera. Lo que el veedor Williams nunca supo, es que el caño de la ducha estaba conectado a un embudo en el techo, en el cual dos muchachos diligentemente arrojaban el agua con un balde al escuchar el ruido de la canilla girando. Gracias a esa picardía, River consiguió la habilitación.

Ya cansados de los viajes en tren desde La Boca hasta Sarandí, y dado que no por mucho tiempo podrían permanecer "reglamentariamente" allí con semejantes baños, los miembros de la Comisión Directiva descubrieron que el viejo potrero de la Dársena Sur seguía desocupado, y audazmente decidieron volver a poner la sede del club ahí, pensando que había que tener muy mala suerte para sufrir dos desalojos seguidos. Una vez instalados, el padre de Alberto Flores les consiguió un par de arcos reglamentarios, que tuvieron fama de ser "los arcos de la suerte", ya que no les podían meter ningún gol. Hasta que un día la buena racha la terminó el mismo Alberto Flores, quien al intentar un rechazo...se metió un gol en contra.

De vuelta al barrio, no sólo no fueron desalojados, sino que pudieron disfrutar la gloria del ascenso.

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RECUADRO:

LAS CANCHAS DE RIVER

1901: Dársena Sud, lado este en un predio de la Carbonera Wilson.

1906: Sarandí.

1907: Dársena Sud, lado oeste.

1915: Aristóbulo del Valle y Gaboto, La Boca.

1923: Avenida Alvear y Tagle , Palermo.

1938: Estadio Monumental, Núñez.


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EL SOCIO NUMERO UNO


Un caso curioso es que el número uno de asociados de River le corresponde a Arturo Antelo, hermano de Carlos, que ingresó al club después de que este fuera fundado. ¿Cómo se explica que fuera el número no, si ni siquiera estaba ahí? En aquella época, el numerar a los socios era un trámite burocrático, y nadie le daba importancia a su número de carnet. Por eso, al tiempo de fundarse River, se inició un segundo recuento de socios, que resolvió organizarse por orden alfabético. Y en eso, Arturo Antelo era el número no.



RESULTADOS VOLADORES


En ese tiempo lo había radio ni teléfonos instalados en las canchas. Pero para transmitir con rapidez los resultados de los partidos de fútbol, el método más práctico y usado era llevar el resultado del partido enroscado en la patita...de palomas mensajeras que sobrevolaban la ciudad con noticias de derrotas y victorias. Muchos hinchas se acercaban a las sedes preguntando "Y? Llegó la paloma?"

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AURRIERI? DIEZ!

El inconfundible origen inglés del fútbol se notó durante décadas en un ritual que hasta los chicos más analfabetos cumplían en el pelotazo inicial del partido disputado en el patio, la calle, o el potrero. El que iba a patear le decía al equipo: "¿Aurrieri?", a lo que el resto debía responder invariablemente: "Diez". Obviamente, ese "aurrieri" era una deformación latinizada de la frase en inglés : "Are you ready?" , que significa "Están listos?", como aviso de que se está por patear la pelota, y el "Diez” era la palabra castellana más parecida al "Yes" inglés que indicaba la disposición del otro a recibir la pelota. Curiosamente, en los últimos tiempos una banda de rock decidió recordar la antigua contraseña con el musical nombre de "Aurrieri Diez".También los términos "orsai", "faul" y la misma palabra "gol" son vocablos ingleses deformados. "Gol" viene de "Goal”, que inglés significa "Meta", en la acepción más espiritual de la palabra. La meta es el arco, que es adonde hay que llegar, cueste lo que cueste.


UN HINCHA DEMASIADO HINCHA

Justo faltaba el arquero de River cuando estaba por empezar un partido contra el equipo de Villa Ballester. Invitaron a Enrique Salvarezza , conocido como "el hincha número uno", para ocupar el lugar de arquero. El pobre tuvo tan mala suerte que el primer tiro que le mandaron fue un gol .Leopoldo Bard, capitán del equipo, se apuró a sacarlo del arco y ponerlo en la línea de ataque. A los pocos minutos, Salvarezza recibió una pelota, y nervioso, tratando de enmendar su error anterior, se lanzó a toda velocidad pateándola hacia el arco contrario. Como por más que le gritaban él seguía corriendo, Pellerano no tuvo más remedio que "tacklearlo", tirándose encima de Salvarezza para detenerlo."Demasiado hincha para estar en la cancha" fue la opinión general.

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